Ni la “carta al lector” ni el correo electrónico al Diario de León han tenido respuesta alguna. No podía esperar otra cosa el desconocido autor de un blog sobre estos peregrinos temas filológicos. No obstante, el asunto que nos traemos entre manos no es baladí, y la cuestión se complica.

M. Á. Nepomuceno cuenta de nuevo, tras las dos primeras noticias vacilantes y confusas, la situación sobre la subasta de los mapamundis en “Un precio demasiado bajo para un incunable tan valioso”. Nos aporta datos concretos… Uno de los mapamundis “fue subastado a través de internet el pasado 21 de mayo a las 7.23 horas. El número de lote era 23.731, y se vendió por la casa norteamericana Swaen por el precio de 57.600$, ocho mil menos que el anunciado en el número de septiembre-octubre de la revista Fine Books . La ficha de subasta estimaba su valor entre 60.000 y 90.000 $ cifra muy reducida para las que habitualmente se pagan por ejemplares «limpios»”. Pero si bien dice al principio que lo subastado ha sido “Uno de los mapas de la obra mutilada de la Biblioteca Nacional Cosmographia”, luego nos habla de “Los mapas subastados tienen unas medidas…” (¿pero no era uno?). El resto de la noticia se convierte en una entrada de enciclopedia que nos describe el supuesto ejemplar o ejemplares robados, y que para construirla recurre de manera muy poco clara al triste producto lingüístico de una traducción online. Pero de este “plagio”, traducción mediante, trataremos después.

La pregunta en cuestión es ¿cuáles son las “pruebas razonables” en qué se basa M. Á. Nepomuceno para afirmar que el mapamundi de la Comosmographia de Ptolomeo subastado el 21 de mayo se corresponde con uno de los ejemplares robados? Pues en las siguientes: “La casa de subastas Swaen vendió la Cosmografía de Ptolomeo por ocho mil dólares menos de lo que se anunció en la ficha publicada por «Fine Books» en su número de septiembre. […] La ficha de subasta estimaba su valor entre 60.000 y 90.000 $ cifra muy reducida para las que habitualmente se pagan por ejemplares «limpios»”. Es decir, el bajo precio por el que se ha vendido el mapa es indicativo para él de que se trata de un ejemplar no «limpio». Evidentemente este no es un argumento de peso, como mucho es un indicio de que el mapamundi no es un ejemplar “limpio”, pero de ahí a afirmar que se trata de uno de los ejemplares robados…

De la descripción que hace la casa de subastas del mapa podemos concluir que el pie de imprenta coincide con el de los ejemplares robados (véase post anterior para más datos), pero ofrece una diferencia significativa:  mientras el ejemplar subastado tiene las medidas 36.0 x 50.8 cm., los ejemplares descritos en el catálogo electrónico de la Biblioteca Nacional de España tienen las siguientes dimensiones: 540 x 390 mm o menos. Lógicamente podría haber una errata, o tal vez ese “menos” redujera el tamaño del ejemplar que ha perdido el mapa.

En cualquier caso, habría que tener más información para afirmar que estos son “pruebas razonables”. El mapa podría haber sido restaurado y maquillado, pero como afirma Mercedes del Corral en una “carta al director”: “Conviene sin embargo recordar que son varios los ejemplares de esta edición que se conservan en distintas grandes bibliotecas de todo el mundo y que tampoco puede descartarse que otros ejemplares continúen hasta ahora en colecciones particulares y sean sacados a subasta dado que otras láminas sueltas de mapamundis de Ptolomeo han aparecido con anterioridad en el mercado”. Respondida por M. Á. Nepomuceno.

Pese a todo, estimado M. Á. Nepomuceno, alabo su interés por los desmanes de la Biblioteca Nacional de España, no creo que como dice la directora de la BNE “promueva injustificamente la alarma pública” por tratar de indagar estas cuestiones, pero permítame sugerirle que sea más escrupuloso con los datos y más divulgativo en sus informaciones.

 

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