noviembre 2007


Dalton Trompet y el Cangrejo Pistolero presentan todos los jueves (a partir de las 22.00) “Las noches del Cangrejo Pistolero” en el Bar Platea (Sevilla, Alameda de Hércules). Bajo este dadaísta nombre tiene lugar una serie de recitales poéticos, protopoéticos, prosopoéticos, parapoéticos, algunos jacobinos, y demás perfomances. Van ya por su segunda temporada, y por aquellas tablas han pasado ya más de una treintena de poetas, entre ellos, Carmen Camacho, Gracia Iglesias, Gonzalo Escarpa, Diego Vaya, etc., y por si fuera poco consiguen que cada noche muchos de los espectadores se queden sin asiento…

Esta noche, número treinta siete, pasaban por Platea “Siracusa” y Manuel Arana, unidos “aparentemente” bajo el lema “Querido Peter Pan…”.

Indigesta (cuyo verdadero nombre, y no de guerra, es Siracusa Bravo Guerrero) entró en escena haciéndose acompañar de dos ninfas. Podrían haber sido las tres ninfas del río Tajo, pero en lugar de bordar habían escrito cada una en un folio “Sexo Gratis”. Mantuvieron la pancarta, el cartel, el anuncio, la promesa (incumplida al final) mientras Dalton Trompet y el Cangrejo Pistolero hacían la presentación. Finalmente, despejado el escenario, quedose Indigesta sola y seria, y dijo: “¿Sexo gratis? ¿Pero no os parece que está demasiado barato…?”, reflexión que completó con algún juego de palabras más, y que dicho como lo dijo me golpeó en seco y me turbó. Pero rápidamente se esfumó mi expectativa inicial de estar ante una Lolita, traviesa, seductora, y lasciva… (¡las hay que son excelentes poetas!). Indigesta sacó su sombrero de Peter Pan y echó a andar. Poco a poco fue encadenando sus poemas monográficos sobre Peter Pan, dentro de una escenografía que rescataba lo púber y lo dadaísta. Había mucho dinamismo en su forma de interpretar, moviéndose con soltura por el escenario, mostrando palabras que había escrito en grande, como carteles, tirando papeles aquí y allá. Colocó el micrófono justo delante de ella, detrás y a más de un palmo de distancia estaba el atril con sus poemas. Había allí una distancia extraña. Siracusa recitaba a veces de memoria. Habló de Peter Pan, de Campanilla, de Wendy, todo con humor, y a veces con ironía. Llegó a ser picante, y en algún momento tuvo su punto de Porn Pan (César dixit). Estuvo fresca y divertida, pero no salió de una lectura simple y juguetona de Pan.

 

Al recital de Siracusa llegué sin ninguna imagen prefijada, más allá de la que el título pudiera sugerir, pues no sabía nada de cómo escribía. Todo lo contrarió me sucedió con Manuel Arana, del que ya conocía sus primeros libros (Con buena intención y Grandes Éxitos). Ya me habían hablado de un cambio en su poesía, y yo me temía que alguna influencia lo hubiera empujado a derroteros ñoños cuando supe del título de su recital: “Adolescencia Dos. Poemas hormonados”. (Manolo, creo que hubiera quedado más posmoderno: “Adolescencia 2.0”).

Hacía tiempo, mucho tiempo, que no veía a Manolo Arana recitar sus textos, y eso me ha permitido ver el cambio, el salto importante y cualitativo. Este Arana nada tiene que ver con el de hace cuatro o cinco años. (Por cierto, tampoco tiene nada que ver con Rocío Arana, lo digo porque alguien que creía que era su hermano me lo preguntó, y tuve que negar tal filiación genético-poética).

Arana vino a Platea, como buen poeta, a desnudarse, y acabó haciendo sonar el elástico de su ropa interior (léase esto de forma literal y no metafórica). Claro que para desnudarse tuvo que vestirse antes y así lo hizo. Primero se hizo quitar las patillas con una máquina de afeitar (ayudado por Siracusa), y luego, para recuperar su atuendo de adolescente se vistió en directo con su camiseta de “Metálica”. (“Esta es la camiseta que yo vestía con quince años” aseguraba). Tardó en empezar “Bueno, mi nombres es… Miguel Sánchez Barcáiztegui”, y fue creando poco a poco su máscara. Arana, quiero decir Miguel, comenzó a contarnos que vivía en una segunda adolescencia, que su último año había sido especialmente extraño; y fue trenzando hábilmente su historia, la de Miguel o la de Manuel, qué más da, con sus poemas y con sus canciones, que iba cantando con la voz cascada, acompañado de la guitarra. Sus poemas contaban cómo había sido esa crisis, qué significaba volver al “mercado de la carne”, a ir detrás de las “niñas”, escribirles poemas, haikus, cuentos… Vino un nuevo trueco de vestimenta, y vistió una camiseta con el logo de Chichimeca (su revista), y el verso de Lope: “quien lo probó lo sabe”. Miguel continuó contando a través de sus poemas los intentos, los merodeos, las conquistas amorosas, las experiencias sicotrópicas mezcladas con el amor y el golpe. Alternó la lectura con la música. Hubo mucha música, con la que recuperó y homenajeó a sus grupos (como O’fun’killo, Los Planetas y otros muchos). Pero la clave estuvo en los poemas y en la máscara, especialmente en el antisentimentalismo irónico, desengañado y descarnado, siempre desde el antiretoricismo y la autoparodia. Miguel no pretendía ser cantante, pero necesitaba representar la autoparodia hasta sus últimas consecuencias, y lo consiguió. Manolo tuvo el acierto de conseguir que su máscara hablara por él, de establecer la distancia necesaria con el “yo” para hablarnos de una segunda adolescencia, de un segundo renacer, de una segunda oportunidad, siempre desde la desnudez y la sencillez…, y nos deleitó.

Los poemas permanecen inéditos, aunque al parecer ya tiene montados un par de libros con ellos. La lectura puede dar otra lectura más de los textos, y mostrarnos sin duda faltas o cuestiones mejorables como en todo. Me quedo a la espera de poder leerlos, sentado, en papel y con calma. Lo que se refiere a su interpretación… fue realmente buena.

Primero el inquietante y ambiguo lapsus linguae de Moratinos. Luego Magdalena Álvarez dando clases de andaluz en el Parlamento, y cayendo en la misma trampa que Josep Lluís…
No sé por qué, pero esto de “antes partía que doblá” me suena a “antes muerta que sencilla”.

He leído hoy (27-11-07) un artículo de Sánchez Dragó en El Mundo titulado “Telecaca”. Tengo que reconocer, previamente, que la máscara “Fernando Sánchez Dragó” me cautiva, y aunque no he leído ningún libro suyo, algún artículo tal vez, siempre me ha sido apetecible escucharlo, y dejarme llevar por su apasionamiento y sus peculiares opiniones. He seguido rigurosamente su Negro sobre blanco, que siempre me ha parecido el mejor programa de literatura de los últimos veinte años.

Pero en esta ocasión el objeto de interés está en su artículo, un tanto hinchado e hiperbólico, pero que me ha hecho reír, reconocerme en alguna opinión y sorprenderme con alguna propuesta que quiero aquí señalar. El artículo llega al sarcasmo en su crítica de la televisión “basura” o “caca” en la línea crítica a la que ya estamos acostumbrados. Me interesa la crítica que hace específicamente de los telediarios, pues es algo que vengo pensando desde hace mucho tiempo: que los informativos cada vez informan menos, y cuentan más anécdotas irrelevantes. Cuando le hago estos comentarios a mi vecina Paquita, que es muy sabia en algunas cosas y muy inocente en otras, me responde algo demoledor: “Pues yo prefiero que pongan esas cosas, porque es señal de que no pasan desgracias”. El colmo de la manipulación es hacer pensar que no está pasando nada mientras pasa…

Generalmente, cuando me veo sometido a una sesión de televisión radiactiva, por llamar al mismo fenómeno con otro nombre, pido y suplico que cambien de canal, y pongan alguno neutro, o insípido, porque estoy convencido, y lo he llegado a sufrir en carne propia, que este tipo de radiaciones producen graves trastornos neuronales…

F. Sánchez Dragó va más allá, y en su exageración propone algo que a algunos llevaría a calificarlo de facha… eso sí leyeran el artículo, claro. En cualquier caso, las palabras de Dragó me parecen una bofetada tan limpia, sonora y necesaria…

“[…] A esta gente ―la que por activa o por pasiva interviene en los programas del estrógeno, la testosterona y las heces fecales― deberían desposeerla del derecho al voto. No pueden ser ciudadanos, porque no son humanos. ¿Todos? Sí. Todos […]

Última ocurrencia: ¿por qué no se instalan audímetros obligatorios en todos los hogares provistos de televisor (¿queda alguno que no lo tenga?) y se desposee de su derecho al voto a los usuarios que vean más de diez minutos de telecaca al día? Redundaría eso en beneficio de la democracia. ¿Cabe confiar en un jefe de gobierno elegido por los espectadores de esos programas?”

 

Se ha convertido en un lugar frecuente en el panorama literario español el lamento por el exceso de publicaciones y la mala calidad de las mismas. Dvaya y Tomás ponen de nuevo el dedo en la llaga en los comentarios a la última entrada. Es un asunto cotidiano, una queja frecuente de aquellos que estamos “al margen” o en “las afueras” del mundillo literario, y excepcionalmente de los que están más o menos cerca del centro. Pero es un motivo ya secular, ahí tenemos el Viaje del Parnaso para hablarnos entre burlas y veras de cómo fueron, y sobre todo, son los poetas, y por extensión todos los plumillas de este y otros reinos…

Estoy convencido de que muchos “escritores”, mejor escribidores, publican tan solo por el prurito social, el exhibicionismo, y el ego de decir “he escrito un libro” o “he aquí mis poemas…”. Otros llegan a entrar en carrera, toman pose y posición, hacen vida literaria, mucha vida literaria (es vital este aspecto), y orbitan premios literarios, hoy como jurado y mañana como premiado, en esa noria de “este año me toca a mi, el que viene a ti”. Luego queda un puñado de autores y lectores a los que le interesa la literatura…

En el fondo no veo tanto motivo de preocupación o alarma. A los que nos interesa la literatura siempre nos queda la gozosa posibilidad de vestirnos de explorador de extensas planicies de papel, de cazador de mariposas, o minero de los túneles del lenguaje para indagar aquí o allí, bajando por la cuerda del tiempo hasta los Siglos de Oro o los clásicos grecolatinos o ascender como lombriz ciega hacia nuestro tiempo. Y el cazador, como el lobo, o el búho, aprenden a afinar su puntería, su olfato y su vista, y acaban por no perderse en este maremagnum de papel, de novedad, de “última sensación” y otros circuloquios por el estilo.

Y como esta no es más que la mera opinión de uno que vive en el extra-radio, pasemos la palabra a uno de los críticos-pilares del centro, que ahora comienza a desplazarse hacia no se sabe dónde… Recomiendo, pues, la columna de Santos Sanz Villanueva, “Por qué la literatura“, publicado en “En la columna de Umbral” (El Mundo, 7-11-07), con el que comparto algunas reflexiones.

Página 2 es el nuevo programa de libros de la TVE2, que dirige y presenta Oscar López. El nuevo magazine, como lo llaman, se emite los domingos por la tarde a las 20:15 y tiene una duración de treinta minutos.

El programa presenta numerosas secciones: entrevistas (hoy ha sido Carlos Ruiz Zafón, pero prometen a Javier Marías, Arturo Pérez Reverte, Javier Sierra y Matilde Asensi…); reportajes (digamos con justicia minireportaje, como el de cuatro minutos sobre superventas), una sección de cine y literatura (a cargo de Desirée de Fez), los más vendidos (una lista de cinco libros más vendidos en ficción y no ficción), novedades literarias, sección del espectador (que puede enviar preguntas que serán respondidas por “expertos”), agenda, bookcrossing (cada autor entrevistado dejará algún libro), y concurso de micro-relatos.

Otro aspecto importante del programa, y que el dossier informativo de TVE no atiende, y que para mí es una de las cuestiones más interesantes, es la relación con los espectadores a través de la web www.pagina2.es, que como no podía ser de otra manera es ajena al domino web de RTVE. Digo esto porque la web de nuestra televisión pública deja aún mucho que desear (pero este es otro asunto…). En la web se puede ver el programa completo o por secciones, se puede saber la próxima programación, hacer sugerencias y preguntas, recomendaciones de libros, y participar en el concurso de micro-relatos o en el foro. Tan solo una falta… no se puede descargar los programas emitidos.

 

En su declaración de intenciones (en este dossier) se nos dice que “Pagina 2 nace con la intención de demostrar que se puede hablar de libros sin aburrir: de una manera ágil, atractiva y documentada”. Creo que se aproxima a sus objetivos: no aburre, es ágil (en exceso), y atractiva estéticamente. En cuanto a lo de “documentada” no sé a qué se quiere referir exactamente. Tal vez sea a los expertos, especialistas e invitados, pero para juzgar esto necesitaría ver más programas. En cualquier caso hay que felicitar a los que lo han realizado, pues creo que cumple con los objetivos que se plantea, y habla de libros sin aburrir.

En mi opinión la deficiencia del programa radica en el tiempo y en el ritmo. Hay muchas secciones para tan poco tiempo, con un ritmo trepidante en el que hasta el presentador se ve obligado a hablar casi atropelladamente. El problema de esto es que uno pueda acabar pensando que no aburre porque todo es tan breve que no da tiempo… Supongo que la duración del programa no depende del mismo sino de la cadena de televisión, que parece que a trueco de no emitirlo de madrugada (lo hace los domingos por la tarde) lo ha reducido a media hora…

El fuerte de un programa de libros suele ser la entrevista al escritor de turno, pero aunque sea un encuentro breve, como es el caso, no creo que lo mejor sea dividirla en tres partes y con anuncios de por medio, porque el espectador puede perder el hilo (y el interés), y resulta realmente incómodo. Por otra parte, creo que algunas secciones son prescindibles como la de la lista de libros más vendidos o la agenda (¿diez segundos en pantalla?), o lector famoso (qué me importa a mí lo que lee Andreu Buenafuente o Manolo García). Entiendo que esta sección tiene el objetivo de captar la atención de determinado público (y que no se puede contentar a todo el mundo), pero cuando se tiene tan poco tiempo…

 

Hacer un programa de libros para televisión debe ser un ejercicio realmente complejo, pues hay que conciliar dos cosas que a menudo están muy alejadas (cuando no son contrapuestas por naturaleza) como son el espectador y la cultura (la literatura en este caso), por lo que cualquier empresa en este sentido es meritoria.

 

Las comparaciones son odiosas, pero inevitables. En mi opinión, la dinámica de este programa se aleja del formato “gran entrevista” a un autor (A fondo de Joaquín Soler Serrano o Negro sobre blanco de Sánchez Dragó), y se aproxima (hasta cierto punto), en ese esfuerzo por llegar a la calle y a la gente, a programas como El público lee… (presentado por Jesús Vigorra en Canal Sur), con el que coincide en varias secciones. Muy lejos queda, por otra parte, de Estravagario (presentado por Javier Rioyo) que siempre me pareció un programa muy aburrido por dos cosas: la pesadez del presentador y el sectarismo de los temas y libros que se trataban (siempre la guerra civil, siempre el republicanismo, y Sabina de fondo…).

No obstante, y a modo de curiosa casualidad quiero resaltar un detalle: Carlos Ruiz Zafón fue también el primer escritor entrevistado en Estravagario. ¿Por qué la dirección de ambos programas de TVE recurrió a Carlos Ruiz Zafón para iniciar su andadura…?

 

Anuncio del programa Pagina2