Para la clásica pregunta qué es el arte tenemos ya numerosas respuestas, y no es mi intención añadir ninguna más, sino todo lo contrario, argumentar en contra de esa concepción, sumamente subjetiva, que entiende por arte cualquier cosa. Es la posición que defienden, por ejemplo, el crítico literario inglés John Carey, para quien “Una obra de arte es cualquier cosa que alguien la considere como tal, aunque solo sea para ese alguien” (What Good are the Arts?, 2005), o el crítico y filósofo norteamericano Arthur Danto que sostiene que “Aquello que hace que algo sea una obra de arte es que alguien piense que es una obra de arte”. Es evidente que nunca encontraremos una definición de consenso sobre la naturaleza del arte, pero tampoco podemos aceptar como lema el “vale todo”.

Dos sucesos recientes, relacionados con la música y una galería de arte, que a continuación relato, me han hecho reflexionar sobre esta cuestión. En los dos acontecimientos el receptor asiste a un espectáculo de destrucción, que en mi opinión no puede considerarse arte en ningún caso. La razón fundamental es que el arte, se entienda como se entienda, siempre supone una creación: la creación de un objeto estético (visual, musical, físico o mental, etc.), que puede producir reacciones dispares, y que puede juzgarse con unos criterios, pero que en cualquier caso será siempre una creación.  Concebir, por tanto, el arte como destrucción es, en mi opinión, una contradicción que puede dar resultados aberrantes… como los que siguen

 El primer “suceso” destructivo calificado como arte sucedió recientemente en una playa de Ishikawa (Japón), en la que el pianista de jazz Yosuke Yamashita, vestido con un traje ignífugo, y delante de quinientas personas, incendió su viejo piano y lo tocó hasta que el instrumento dejó de sonar. El pianista declaró que con ello quería demostrar su pasión “ardiente” por la música y su afecto por su piano…

 

 Esta pasión “ardiente” de los músicos por sus instrumentos no es nueva, y la historia de la música del siglo XX tiene repetidas escenas de este tipo (como Charly García, Jimi Hendrix o el movimiento Pánico). Me resultan más que absurdas, estériles e insolidarias, y no van en provecho ni de los músicos ni de su música. En cualquier caso todo esto no es nada si lo comparamos con el segundo “suceso” artístico.

En la Sexta edición de la Bienal de Artes Visuales BIENARTE celebrada en San José (Costa Rica) entre el 13 de septiembre y el 27 de octubre participó Guillermo Habacuc Vargas, cuya obra de arte consistió en la exposición de un perro callejero amarrado con cuerdas, al que dejó morir de hambre. En palabras de Eduardo Arcos: “Guillermo H. V. captura, mata un perro de hambre y lo llama arte”.

 

 

image.jpg

 La imagen es elocuente, y se puede ver muchas más en otros blogs o en youtube.

 
Es evidente que el asesinato de un perro por inanición no puede considerarse arte, aunque se presente en una Bienal, bajo el supuesto amparo de buenas intenciones moralizantes, y “aunque solo sea para ese alguien” (John Carey). Tampoco creo que pueda censurarse al público que asistió y no hizo nada, porque probablemente desconocía la intención del artista.

 Algunos enlaces de interés sobre esta “obra”:

– Artículo de Rosa Montero: “Respeto”, publicado en El País, el 16-10-2007.

– Un blog dedicado al artista y su obra.

– Reflexiones y más datos en una entrada de Jorge Albán.

Recogida de firmas en contra de la participación del “artista” en la Bienal Centroamericana de Honduras 2008, en la que pretende repetir experiencia.

Anuncios