marzo 2009


Estatua de Menéndez Pelayo en la BNE (Foto de Gorka Lejarcegi para El País, 30-08-2007)

Estatua de Menéndez Pelayo en la BNE (Foto de Gorka Lejarcegi para El País, 30-08-2007)

Ian Gibson arremete en la última entrada de su blog “Apuntes peripatéticos” del periódico Publico contra la figura de Marcelino Menéndez Pelayo. Confiesa que le perturba encontrar en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional la estatua del filólogo santanderino, y aquella placa que dice: “Los católicos españoles por iniciativa de la Junta Central de Acción Católica”. Como volver a decir que Menéndez Pelayo era un católico extremista, un integrista de la moral, un referente de la derecha rancia y conservadora no es nuevo ni incierto, acaba con el sarcasmo, bajo y rastrero: “Pero no seamos maniqueos. Don Marcelino amaba la poesía y supo apreciar al joven Rubén Darío. También a las mujeres, sobre todo, según dicen las malas lenguas, las venales (lo cual no parecería reñido, claro está, con su condición de férreo defensor de la fe)”. Todo esto sin dejar de menospreciar su obra: “se le recuerda hoy sobre todo por su libro Historia de los heterodoxos españoles, ingente trabajo, me imagino que hogaño poco leído…”, y proponiendo recuperar aquella iniciativa de la otrora directora Rosa Regás, que en marzo de 2006 quería desterrar la estatua del filólogo a los jardines de la Biblioteca Nacional.

Ian Gibson

Ian Gibson

¿Y qué haces Rosa, Ian, con los cientos de miles de libros religiosos, de dura doctrina católica, que pueblan los estantes de la Biblioteca Nacional? ¿Los mandamos también al jardín? ¿Hacemos un donoso escrutinio de las biblias, sermones, doctrinarios, misales… y de toda la propaganda católica que supone el 80% de la producción impresa de los siglos XVI y XVII? Y si volvemos a las estatuas y hacemos escrutinio de conductas sexuales… ¿qué hacemos con Lope de Vega? Ese irreductible hombre de vida libertina y conciencia tormentosa que vivió amancebado con Marta de Nevares y cobraba al mismo tiempo por su oficio de sacerdote… Ciertamente, duele que un hispanista tan reconocido como Ian Gibson, que ha destacado por el estudio y la defensa de un hombre asesinado por su conducta sexual, caiga en la misma bajeza que lleva años, y con justicia, denunciando.

Iniciar la andadura de una editorial en tiempos de desoladora crisis económica es toda una osadía propia de editores quijotescos. No obstante hay razones para celebrar tal temeridad cuando viene apadrinada y dirigida por alguien como Antonio Rivero Taravillo y lanza títulos de Julio Manuel de la Rosa, José María Conget o José Manuel Benítez Ariza.

ParéntesisTres colecciones conforman la nueva editorial Paréntesis:

– “Colección Orfeo” (Recuperando valores agotados): Recupera obras clásicas como Todas las mujeres de José María Conget, La sangre y el eco de Julio Manuel de la Rosa, y Cuchulain de Muirthemne de la irlandesa Lady Gregory (con traducción de María Luisa Balseiro).

– “Colección Umbral”: “Descubriendo nuevos valores…: Vacaciones de invierno de José Manuel Benítez Ariza y Plaza del Cabildo de Emilio Durán.

– “Colección De facto“: “Títulos de no ficción y temas de actualidad social, política o económica”, con un título más comercial como Javier Villanueva. La verdadera historia.

En general, hay una apuesta fuerte por la buena literatura, por los clásicos modernos y la reedición de clásicos redivivos. Prometen unos ¡cincuenta títulos! este año, de los cuales la mayoría serían rescates de la “Colección Orfeo”.

A esta estrategia, conservadora pero variada al mismo tiempo, hay que añadirle la adaptación a las nuevas tecnologías, de manera que todos las obras podrán adquirirse tanto en papel (en las librerías o por la web) como por e-book. Si bien el precio de la edición impresa es bastante asequible (en torno a los trece euros), no lo es tanto el precio del e-book (algo más de nueve euros) teniendo en cuenta el abaratamiento de costos que supone el libro electrónico. Además el único formato disponible es el pdf (para Acrobat Reader 6 / 7), y aunque es el más extendido, no estaría de más ofrecer otros formatos para lectores de e-book.

Esta complementariedad con la red también va a traer la posibilidad de interactuar con los autores y otros lectores según se desprende de algunas opciones de la web aún por desarrollar (“blog”, “comentar sobre el libro”, “boletín”, “zona multimedia”). Y es que las editoriales, si quieren tener futuro, y al margen de un buen trabajo editorial, tienen que entrar de cabeza en la red.

Web de Paréntesis.

El pasado jueves 19 de marzo tuvo lugar la presentación de la última novela de Manuel Moya, La tierra negra, a cargo de Diego Vaya y Jaime Galbarro, en la Casa de la Provincia (Sevilla).

La nueva editorial Guadalturia ha iniciado la andadura de su colección de narrativa con una apuesta realmente sólida y prometedora: La tierra negra. Se trata de la última novela del poeta y narrador Manuel Moya: un autor laborioso e independiente, entregado a la creación literaria y el arte, y que vive, por decisión propia, bastante al margen de cenáculos, ateneos, y generaciones literarias.

La tierra negra de Manuel Moya

La tierra negra de Manuel Moya

La tierra negra cuenta los acontecimientos derivados de la llegada de un grupo de falangistas a un pueblecito de la Sierra de Huelva en los inicios de la Guerra Civil. El cabecilla de los requetés, Pepe Javicha, está decidido a hacer una “limpieza” entre sus vecinos, y algunos de ellos, sin saber por qué razón o delito, se ven huyendo al monte. Allí se forma un grupo de topos, que tras diversas aventuras y travesías, se enfrenta a la muerte de uno de sus miembros. Entonces deciden dejar el cadáver del compañero en el pueblo para que allí se le “entierre como un hombre”… Esta novela coral va desgranando poco a poco la tensión, la rencilla, el socorro, la compasión… que se va estableciendo entre los diversos personajes.  Esto permite al novelista profundizar en la sicología de algunos como Pepe Javicha, un hombre incapacitado para gobernar que trata de ocultar su debilidad con la crueldad de sus acciones; Vito, el carpintero del pueblo y topo fallecido; Urbano Ventura, su amigo…, etc. Dos personajes, sin embargo, descollan sobre los demás por su fuerza y por su dignidad ante las adversidades: Candelaria, la molinera que ayuda a los prófugos, y Sabina, la mujer del topo muerto, que cual Antígona, se propone enterrar “como un hombre” a su marido, pese a su prohibición.

La novela de Manuel Moya destaca especialmente por el cuidado de su lenguaje y de su estilo, por el acabamiento elegante y afilado de sus párrafos y capítulos, por una expresión natural, fluida y fresca en los diálogos y pensamientos de los personajes, y por su riqueza léxica, con la recuperación de palabras propias de la zona, de un vocabulario rural y una forma de denominar las plantas, animales y acciones del campo, que con el tiempo va perdiéndose.

En suma, La tierra negra, más allá del trasfondo histórico de su historia, es una novela sobre la condición humana ante la adversidad y el dolor, sobre la dignidad de ser hombre tanto en la vida como en la muerte.

Diego Vaya, Manuel Moya y Jaime Galbarro

Diego Vaya, Manuel Moya y Jaime Galbarro

Fotos y vídeos a cargo de Iván Vegara. Los siguientes tres vídeos corresponden a la presentación y lectura de Manuel Moya.

La próxima presentación de la novela será el 24 de marzo a las 19.00 h. en el  Museo Provincial de Huelva, a cargo de Manuel Garrido Palacios, Paco Huelva y Francis Vaz. Léase la personal invitación de Manuel Moya en el blog de Paco Huelva.

Blog de Manuel Moya: La isla de la sed.

El próximo jueves 19 presentaré junto con Diego Vaya la última novela de Manuel Moya: La tierra negra (Gualdaturia, 2009) en la Casa de la Provincia (Plaza del Triunfo) en Sevilla a las 20.00 h.

invitacionlatierranegraparainternet

A todos nos enseñaron en la escuela aquella fácil cantinela: “Los musulmanes estuvieron en la Península más de ocho siglos…”. Ya cuando estudiaba me parecía muy simplificadora y no terminaba de encajar el puzle histórico, hoy estoy convencido de que era una simplificación peligrosa y sumamente inexacta. ¿Ocho siglos? ¿Dónde? ¿En Barcelona o en Sevilla? ¿En Madrid o en Évora? ¿En Huelva o en Granada? Claro que es evidente y notorio que no estuvieron esos ocho siglos en todas partes por igual, pero esto parece que se obvia o se olvida o se traspapela… De la misma manera que asistimos este año al olvido de la firma por Felipe III del decreto de expulsión de los moriscos el 9 de abril de 1609. Esto es lo que viene a recordar y reivindicar Juan Goytisolo en su artículo “Moriscos, la historia incómoda” publicado el domingo 15 de marzo de 2009 en El País. Su lectura es necesaria para combatir la moda de esta “memoria histórica” sesgada y limitada.

Comienza el artículo de Juan Goytisolo con su afilada prosa…: “En el pasado de todos los países alternan los episodios embarazosos y los que son motivo de patriótica exaltación. El cuarto centenario de la expulsión de los moriscos en el reinado de Felipe III se incluye, como es obvio, entre los mencionados en primer lugar. Fuera de la fundación El Legado Andalusí y de los historiadores convocados por éste el próximo mes de mayo, la España oficial y académica se ha encastillado en un precavido silencio que revela su manifiesta incomodidad.” No puedo evitar señalar la mordacidad con que concluye el párrafo con ese verbo tan exacto: “encastillado…”.

El artículo está dedicado al profesor Antonio Márquez Villanueva, que publicará en breve Moros, moriscos y turcos en Cervantes. Y al Quijote recurre precisamente Juan Goytisolo para concluir su artículo, citando un sabroso pasaje de Cervantes en el que este denuncia ya la injusticia de su época…

Léase el artículo completo en el siguiente enlace.

20080510elpbabnar_2

Caricatura del maurófilo Juan Goytisolo publicada el 10 de mayo de 2008 en El País.