abril 2009


Hace ya más de tres meses que veo el mundo desde esta ventana a extramuros de la ciudad, y desde esta atalaya orientada al noroeste me dedico a menudo a la contemplación de este trocito de tierra, territorio casi de nadie, delimitado por un polideportivo, y más al fondo la urbanización de Montequinto, y más acá las vías del tren a Sevilla. Desde aquí he podido ver la maravilla de unos cuantos amaneceres y cómo el sol o las nubes pueden hacer que cambie todo tanto.

Muchas mañanas veo pastando las ovejas y cuando rara vez el viento sopla al suroeste oigo incluso sus balidos. Pero son las cigüeñas las que más me pasman. Cuando llegué en enero varias parejas estaban haciendo ya los nidos en un cuartel abandonado junto al canal del Guadaira. Durante el invierno venían a beber a una enorme laguna que se había creado entre la escombrera y la central eléctrica, y que ya se ha secado. Un día me quedé observando una cigüeña que pasó cerca de la planta sexta dando vueltas en el aire en forma de círculo, o de espiral más bien, porque fue subiendo, poco a poco, hacia el cielo. Traté de seguirla, pero llegó a hacerse tan diminuta que la perdí de vista.

Muchos días tengo ganas de bajar y salir al campo, pero una valla de dos metros y la vía del tren me lo impiden. Desde hace tres meses oigo todos los días varias decenas de trenes pasar a uno y otro lado. Los más inquietantes son los mercancías nocturnos, que van tan lentos que se oye el traqueteo metálico de las ruedas, y se puede ver los vagones con la luz de las farolas.

Niebla al amancer (enero, 2009)

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Arcoiris tras la lluvia (enero, 2009)

Amanecer sobre Montequinto (20-4-2009)

Manuel Moya ha tenido la osadía de abrir un blog para dedicarlo a comentarios, críticas, loas, panegíricos, apedreamientos y epitafios sobre su última novela, aquí comentada y defendida, La tierra negra.

Con este mensaje quiso convocar a sus seguidores y detractores (que no son pocos los insidiosos que fustigan a Violeta):

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Manuel Moya

acabo de abrir un pequeño blog-habitáculo titulado “la tierra negra” (yo creo que tecleando esto sale) para iniciar a través de él un diálogo sobre cualquier aspecto relacionado con la novela del mismo título (La tierra negra, ed. Guadalturia, Sevilla, 2009), ya sea de memoria histórica, “topos”, “maquis”, novelas inspiradas en la guerra civil… De momento he colgado un artículo inédito de Rafa Suárez y en breve haré lo propio con fotos y plano de la cueva, así como el reportaje que sobre los huidos de Navahermosa hizo Rafael Moreno y las críticas que han ido saliendo en estos últimos días.

Si hay algún lector interesado en saber algo sobre la realidad que inspiró la novela o quiere contarnos otras realidades parecidas ocurridas en su pueblo o en su tierra aquí tiene su sitio; si alguien quiere hacer algún comentario sobre esos aspectos que no cuadran se lo agradeceré muchísimo.

pero olvidó señalar la dirección del blog y para que nadie la pierda y mientras google la indexa aquí queda: http://latierranegra-mm.blogspot.com/

Nota para los fans y fanáticos de Manuel Moya. Este es también su blog personal-literario: http://laisladelased.blogspot.com/ Aquí se pueden encontrar poemas, el primer capítulo de La tierra negra, e incluso una traducción de Manuel Moya de El banquero anarquista de F. Pessoa.

Tres veces tuve que publicar la entrada pasada (“Don Marcelino Menéndez Pelayo e Ian Gibson”), como comentario en el blog de Ian Gibson, porque las dos primeras fueron censuradas por el diario Público, limpieza que el diario no parece realizar con las decenas de comentarios basura, de trolls y de spam, que rellenan los comentarios de ese blog. En su nueva entrada Ian Gibson hace una reflexión sobre los blogs: “¿Bloguear o no bloguear? Esa es…”, y una de ellas alude a mi comentario (pues no hay otro que hable de la estatua): “Las reacciones adversas dan más que pensar que las benevolentes, naturalmente. Y más ganas de contestar (aprovecho para señalar que en mi último no creo haber recomendado, como se me achaca, que la estatua de Menéndez y Pelayo desaparezca de la Biblioteca Nacional, sino que tenga allí menos protagonismo, que no es lo mismo)”. Es evidente que a Ian Gibson no le ha gustado esta “reacción adversa” y que le gustaría responder otra cosa, pero se queda en lo superficial, en la estatua, y para colmo quiere que entendamos algo distinto de lo que realmente dice en su primera entrada: “¿Habría que dejarlo allí, él tan opuesto a los no afines, en el acceso a nuestra Biblioteca Nacional […]? Creo que hay debate interno al respecto. Yo por mí le buscaba una ubicación más respetuosa con el espíritu de la Constitución”. Y para mí que esa “ubicación más respetuosa” no es otra que la del almacén del MOPU en Madrid, junto a aquella otra estatua ecuestre que tiempo ha campaba por Nuevos Ministerios.