He iniciado la segunda temporada de “Maleta de libros” en el programa de literatura de UNIRadio, “Las afueras”, dirigido por Manuel González Mairena, con el comentario de Color Carne de Erika Martínez. Una brevísima reseña está disponible en el blog de “Las afueras”. Y aquí la reseña radiofónica tomada del programa (UNIRadio, “Las afueras”, 7-10-09):

Al margen de lo que ya queda dicho en esta nota informativa quería detenerme en un par de poemas: “Beata illa” (p. 21) y “Cruces” (p. 24) de Color Carne de Erika Martínez (Valencia, Pre-textos, Poesía, 2009) porque entroncan con la mejor tradición lírica española y consiguen actualizarla de manera muy efectiva.

El poema “Beata illa” es una perversa actualización del tópico horaciano del beatus ille, y es que si este lugar común se utilizó durante siglos para enaltecer la vida tranquila y humilde del campo frente a la vorágine de la urbe, en el poema de Color carne aparece trastocado desde el principio, porque aquel ha desaparecido: “Bendita aquella que ama el campo / que ocuparon las urbanizaciones” (v. 1-2). La ciudad se ha extendido, se ha prolongado en forma de urbanizaciones, carreteras, asfalto… y ha engullido y acotado la naturaleza en forma de breves extensiones denominadas “parques”. La inversión del tópico se completa, cuando lejos de aquel “Beatus ille qui procul negotiis”, la “beata illa” es mujer y llega “tarde al trabajo”; así la vida ociosa y contemplativa queda reducida irónicamente a disfrutar “del paisaje, la prisa / radiolé y los atascos”. El resultado es un poema atrevido lleno de frescura, agilidad y descaro, como otros muchos del libro.

Beata illa

Bendita aquella que ama el campo
que ocuparon las urbanizaciones
lejos del ruido de los cines,
quioscos, bibliotecas.
Oh pueblos andaluces asolados
por tres siglos de pulgas
y veinte años de asfalto,
quién divisara vuestras carreteras
de pequeños arcenes por donde caminar
pegaditos y en fila india
bajo riesgo de ser atropellados.

Bendita tú, ¿no te das cuenta?
Haces cola en el autobús,
rodeada de niños y de ancianos
que van a la ciudad
en busca de los parques
que en su pueblo no encuentran
ni por casualidad.
Llegas tarde al trabajo
pero disfrutas ay por el camino
del paisaje, la prisa,
radiolé y los atascos.

La otra composición, “Cruces”, recuerda inevitablemente, en mi opinión, un par de conocidos sonetos de Lope de Vega: “Ir y quedarse, y con quedar partirse…” y “Desmayarse, atreverse, estar furioso…”. La descripción del amor como una tensión entre elementos opuestos, de raíz tan petrarquesca, está presente en estos textos de manera muy próxima, así como también en su formulación. El uso de los infinitivos, el ritmo endecasilábico y la esticomitia (en la búsqueda de una síntesis de los opuestos) terminan por emparentar el poema “Cruces” con los sonetos del Fénix. Claro que la actualización de la poeta carece del tono elevado y sentencioso del primer soneto para buscar una conclusión más liviana y desenfadada (más acorde al atrevimiento lopesco del último verso del segundo soneto).

Cruces

Entrar cuando era yo la que esperaba:
negarme tercamente a dar el paso
que mis pies ya están dando.
Guardar silencio y ser la que te habla.
¿Dónde fue la que había renunciado
a llevarse sin tregua la contraria?

Al irme, detenerme: dar la vuelta,
darle a tu puerta de golpe un abrazo.
Ceñirme a toda prisa una certeza
cosida torpemente con retazos;
levantarme esta tonta camiseta
y acercarte el pezón desorientado.

*  *   *  *   *

Soneto LXI

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

Soneto CXXVI

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor: quien lo probó lo sabe.

(Cfr. Lírica de Lope de Vega, ed. José Manuel Blecua, Madrid, Castalia, 1981, p. 127 y 136, respectivamente)

Es una agradable sorpresa encontrar cómo las aguas cristalinas de la lírica española áurea aún transitan en la más joven poesía española, y en este caso de la mano de Erika Martínez con Color carne.

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