He llegado a Florencia con calma. Dispuesto a conquistar la ciudad poco a poco, como quien dilata el momento de la entrega para hacerlo más intenso y deseado. Florencia es un espectáculo monumental que me conmociona como ninguna otra ciudad. Paseo por sus calles, las voy descubriendo poco a poco, recreándome en casi cada edificio. Donde no hay un palacio, hay una iglesia, o una casa noble, una fachada soberbia, una placa dando cuenta de la historia intensa de esta comune di Firenza.

Siento que el suelo desprende una poderosa energía, difícil de explicar, pero que es capaz de alimentarme. El domingo me quedé atrapado en la Piazza di Santa Croce, sentado en un banco frente a la fachada principal, porque parecía que el cuerpo se prolongaba en forma de raiz bajo el suelo de la plaza.

Vista del río Arno en Florencia

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