Annette ha descubierto que hablo solo. Nada nuevo en realidad para mí, salvo que se ha dedicado a estudiar el hábito, sus variaciones temáticas y frecuencias. Ahora, por ejemplo, sé que por las mañanas canto si he dormido bien o me enfrento al día con cierto entusiasmo. Me invento las rimas sobre la marcha y le aplico el sonsonete de alguna canción conocida. Al mediodía, cuando comemos con las noticias, usurpo el discurso al desfile de políticos y deportistas que pasan por el telediario para parodiar sus palabras o para decir aquello que creo que en realidad piensan pero callan. Invento un Rubalcaba, por ejemplo, que confiesa sus enredos o un Guardiola que defiende la independencia de Cataluña…

A veces las tardes me las paso murmurando. Annette me riñe desde la otra habitación y me pregunta con quién estoy hablando. Ella no puede entender que comprendo mejor el mundo cuando me desdoblo y me pregunto y respondo. Pero lo que yo no sabía era que también hablaba en sueños. Anoche, al parecer, estuve dando una conferencia sobre unos extraños hongos que se alimentan del papel de los libros antiguos y hace tres días mantuve lo que parecía una discusión en un inglés balbuceante e incomprensible. Lo que pienso y hablo y no escribo va rellenando huecos de silencio.

Jules Asimov

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