Baroja


Unamuno ofrecía algunos rasgos físicos e intelectuales comunes con Valle-Inclán. El vasco tenía el cráneo pequeño y la frente huida; un tipo como de ave de rapiña. La cabeza de Valle-Inclán era alta, como una casa estrecha de muchos pisos. En Galicia, entre la gente del pueblo, vi que era abundante este tipo de cabeza. En parte, a los dos les pasaba algo parecido; dominaba en ellos un sentido efectista y teatral. Unamuno tenía una voz bastante aguda, y Valle-Inclán también. (Pío Baroja, Galería de tipos de la época, Barcelona, Círculo de Lectores, 1997, p. 131).

El fragmento se encuentra en el epígrafe XV de la tercera parte de Galería de tipos de la época (1947) titulada «Escritores, bohemios y políticos». Pío Baroja hace allí un retrato de Miguel de Unamuno (y de su puntual relación con él) que al más entusiasta lector del escritor bilbaíno dejará desengañado a poco que confíe en la sinceridad de don Pío, pues un Miguel de Unamuno soberbio, egotista, prepotente se bosqueja en esas páginas. Un humor corrosivo destila el cotejo antropológico de las cabezas de Unamuno y Valle-Inclán, enmarcadas en esas comparaciones: «ave de rapiña…», «casa estrecha…», como si la forma de la testa determinara por naturaleza un comportamiento, un «sentido efectista y teatral», un determinismo racial casi…

José Agustín Balseiro, en la Obra selecta que realiza de Pío Baroja, reproduce también este fragmento, pero elimina la alusión al pueblo gallego. Desafortunada mutilación. Eduardo Gil Bera, en su biografía Baroja o el miedo (p. 193) habla de esta afición médica de Baroja por las cabezas de sus parroquianos, pero Googlebook solo me deja ver dos líneas.

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El psiquiatra tiene el cráneo pequeño y sería muy esférico si la frente no se proyectase hacia adelante como un escalón. Desde que supo que hace tiempo escribía se ha empeñado en que vuelva a intentarlo. Así que lo poco o nada que haga aquí se lo debo a partir de ahora a él. Y me ha dado libertad para llevar la máscara que quiera.

Jules Asimov

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Me propuse dejar esta Maleta de libros exclusivamente para ellos, pero ha sido tan grande la mordaza del tiempo y el peso de la ignorancia… Ahora creo que he ido tascando la necesidad de escribir y de decir, refrenado todo por la brida del pudor y la vergüenza, por el respeto a un silencio autoimpuesto. Pero ahora que la edad va dejando de ser mera apariencia para calarse hasta los huesos y que la sombra de Andrés Hurtado se propone alcanzarme, voy a dejarme decir.

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Hace tres meses hice esa foto porque por un momento me sentí, o quise ser, tal vez, como ese árbol, iluminado aún, por poco tiempo, pero rodeado, sumergido por completo, en las sombras.

 

Jules Asimov

Hace unas pocas semanas, cuando el espíritu jacobino había penetrado en la marca hispánica encontré en una antología escolar de Guillermo Díaz Plaja una cita de Pío Baroja muy esclarecedora al respecto:

La falta de un sentimiento patriótico natural, biológico, falta que se observaba en nuestra juventud, se debía indudablemente al abuso hecho por los políticos de la retórica patriótica, que les servía de capa para cubrir sus insensateces.

Donde dice “falta” puede leerse también exceso o deformación y el predicado seguirá sin perder sentido…

La cita pertenece al discurso de Pío Baroja titulado “La formación psicológica de un escritor” para la entrada en la Real Academia de la Lengua Española, que fue leído el 12 de mayo de 1935.