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Estatua de Menéndez Pelayo en la BNE (Foto de Gorka Lejarcegi para El País, 30-08-2007)

Estatua de Menéndez Pelayo en la BNE (Foto de Gorka Lejarcegi para El País, 30-08-2007)

Ian Gibson arremete en la última entrada de su blog “Apuntes peripatéticos” del periódico Publico contra la figura de Marcelino Menéndez Pelayo. Confiesa que le perturba encontrar en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional la estatua del filólogo santanderino, y aquella placa que dice: “Los católicos españoles por iniciativa de la Junta Central de Acción Católica”. Como volver a decir que Menéndez Pelayo era un católico extremista, un integrista de la moral, un referente de la derecha rancia y conservadora no es nuevo ni incierto, acaba con el sarcasmo, bajo y rastrero: “Pero no seamos maniqueos. Don Marcelino amaba la poesía y supo apreciar al joven Rubén Darío. También a las mujeres, sobre todo, según dicen las malas lenguas, las venales (lo cual no parecería reñido, claro está, con su condición de férreo defensor de la fe)”. Todo esto sin dejar de menospreciar su obra: “se le recuerda hoy sobre todo por su libro Historia de los heterodoxos españoles, ingente trabajo, me imagino que hogaño poco leído…”, y proponiendo recuperar aquella iniciativa de la otrora directora Rosa Regás, que en marzo de 2006 quería desterrar la estatua del filólogo a los jardines de la Biblioteca Nacional.

Ian Gibson

Ian Gibson

¿Y qué haces Rosa, Ian, con los cientos de miles de libros religiosos, de dura doctrina católica, que pueblan los estantes de la Biblioteca Nacional? ¿Los mandamos también al jardín? ¿Hacemos un donoso escrutinio de las biblias, sermones, doctrinarios, misales… y de toda la propaganda católica que supone el 80% de la producción impresa de los siglos XVI y XVII? Y si volvemos a las estatuas y hacemos escrutinio de conductas sexuales… ¿qué hacemos con Lope de Vega? Ese irreductible hombre de vida libertina y conciencia tormentosa que vivió amancebado con Marta de Nevares y cobraba al mismo tiempo por su oficio de sacerdote… Ciertamente, duele que un hispanista tan reconocido como Ian Gibson, que ha destacado por el estudio y la defensa de un hombre asesinado por su conducta sexual, caiga en la misma bajeza que lleva años, y con justicia, denunciando.

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El pasado domingo concluyó la XXX Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla (23 de noviembre – 9 de diciembre), otra vez en la Plaza Nueva…

Busco por internet pero no encuentro ninguna página informativa, como sí tuvo la Feria del libro “nuevo” de 2007, ni siquiera una mísera mención en las agendas de las instituciones colaboradoras: Ayuntamiento, Universidad de Sevilla, y Diputación de Sevilla – esta ni siquiera ha actualizado. Al menos los periódicos sí se han hecho eco…

Y es que solo me interesan las ferias del libro antiguo, porque las otras, las del libro “nuevo”, por decirlo de alguna manera esclarecedora, me aburren soberanamente: todos los puestos me resultan iguales, y solo me interesa si tal o cual autor da una conferencia, firma libros o hay alguna mesa redonda… para comprar, mejor la librería.

La feria del libro antiguo siempre me resulta estimulante, y me seduce y atrapa la posibilidad de quedarme algunas horas hojeandola (a solas preferiblemente), porque cuando acabas, la feria del libro antiguo termina convirtiéndose en un libro enorme, al que has arracando las páginas que el interés y el bolsillo te han permitido, para poder leer con más lentitud, en casa… En esta ocasión regrese con estos ejemplares:

Poesías Completas de Pedro de Espinosa, ed., prólogo y notas de Francisco López Estrada, Madrid, Espasa-Calpe, 1975 (Precio: 6€). Se trata muy probablemente de la mejor edición de la poesía de Pedro de Espinosa.

Sonetos completos de Luis de Góngora, ed. de Biruté Cliplijauskaité, Madrid, Castalia, 1969 (Precio: 4 €).

Lírica española de tipo popular, ed. de Margit Frenk Alatorre, Madrid, Cátedra, 1978 (Precio: 5€).

Verso y prosa de Blas de Otero, Cátedra, Madrid, 1989 (Precio: 3€). El ejemplar lleva el nombre del propietario, que fue estudiante de COU del Colegio Portaceli. Esta misma edición mecanografié cuando estudiaba también COU, porque como me pasa con aquellos poetas que me han llegado a atraparme por completo, acabo copiando sus poemas…

Lágrimas de Hieremias Castellanas de Francisco de Quevedo, edición, prólogo y notas de Edward M. Wilson y José Manuel Blecua, Madrid, CSIC, 1953 (Precio: 13 €, sin aguillotinar). Desde el punto de vista del diseño de libros y su ejecución, las ediciones filológicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) siempre me han parecido exquisitas.

 

Florencia en el Liber chronicarum de Hartmann Schedel

Florencia en el Liber chronicarum de Hartmann Schedel, Norimbergae [Nuremberg]: Antonius Koberger, 12 julio de 1493. (Pulsar en la imagen para agrandar).

Catálogo de incunables de la Biblioteca Universitaria por Juan Tamayo y Francisco y Julia Ysasi-Ysasmendi, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1967, 106 p.; y Catálogo de incunables de la Biblioteca Universitaria (Suplemento), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1982, 40 p. (Precio: 1,5 y 1 €, respectivamente, en la caseta de la Universidad de Sevilla). Sorprende que pese a la antigüedad estos libritos no se hayan agotado, como otros del Servicio de Publicaciones de la Universidad, pues realmente son dos pequeñas joyas. En ellos se recogen todos los incunables del Fondo Antiguo de la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Sevilla, que son unos trescientos. El primer catálogo viene acompañado de numerosas láminas a dos tintas que reproducen algunas páginas de estas obras, entre las que se encuentra la famosa Biblia de Gutemberg (Biblia latina. Novum Testamentum) impresa en Maguncia hacia 1454-55.

 

 

Hablando de libros antiguos y de su compra recomiendo la lectura del artículo de A. Trapiello en el número de diciembre de la revista Mercurio. También recomiendo la visita, subscripción, y lectura asidua del excelente blog del Bibliómano dedicado de lleno a las vicisitudes del libro, su venta, confección, adaptación a los nuevos tiempos, conservación, y estudio… allí se puede encontrar aún un viejo artículo mío (julio de 2006, pero vigente todavía) en el que detallaba algunas rutas para cazadores de libros antiguos, de saldo, y baratos.

Reconstruir la historia de los mapamundis robados desde que salieron de la Biblioteca Nacional de España, en fecha incierta, de la mano del confeso ladrón César Gómez Rivero comienza a parecerse a la construcción del stemma de un manuscrito con numerosas versiones…

Intento hacer el ejercicio a partir de lo que publica la prensa y puedo cotejar con otras fuentes, pero no me fío mucho de los resultados puesto que la prensa se contradice y aporta datos e informaciones inexactas… Tenemos, pues, dos mapamundis procedentes de sendos incunables de la Biblioteca Nacional de España, fechados en 1482 de la Cosmographia de Claudio Ptolomeo, que según el catálogo de la BNE tendrían por signaturas: Inc/116, y Inc/1475, y pie de imprenta: “Ulm: Leonardus Holle, 16 julio, 1482”, como ya dije al final de esta otra entrada. Yo creía que uno de los ejemplares había sido descubierto en Nueva York y el otro en Sidney, pero esto no es exactamente así…

El mapamundi localizado en Nueva York fue intervenido por el FBI según El País, que informaba del hecho el 9 de octubre, y aportaba algunos datos más: “El pasado sábado [6-10-07] fue interceptado en Nueva York un mapamundi arrancado de una edición rara de la obra Geographiae, de Claudio Ptolomeo (siglo II después de Cristo), correspondiente a la edición de Roma de 1508, seriada con la referencia R-020753, según fuentes de la Biblioteca Nacional”. Este ejemplar no pertenece a los incunables robados que iniciaron el escándalo de la Biblioteca Nacional, sino que es una de las doce páginas arrancadas, sajadas y sustraídas también de la BNE por Gómez Rivero. Un reportaje publicado en Interviú realizado por Luis Rendueles y Manuel Marlasca (nº 1640 del 1 de Octubre de 2007) señala algunos de los libros dañados (no sé si están todos):

Etimologías de San Isidoro (1472). Recortó el “mapa T en O”.

De situ orbis de Pomponio Mela. Fueron robados sendos mapas de la edición española (1498) y veneciana (1482).

– Dos mapamundis de la Cosmographia de Claudio Ptolomeo (“Ulm: Leonardus Holle, 16 julio, 1482”), y dos mapamundis del siglo XVI: uno de ellos podría ser el Geographiae de Ptolomeo (Roma, 1508) localizado ahora en Nueva York.

Relación del viaje que por orden de su majestad hicieron los capitanes… de García de Nodal (1621). Contenía un único mapa, que fue robado.

Cosmographicus Liber de Petrus Apianus (del siglo XVI). El único mapa de la obra fue también sustraído.

Arte de ballestería y montería escrita por método para escusar la fatiga que produce la ignorancia  de Alonso Martínez de Espinar, (Madrid: Imrpenta Real, 1644). Fueron robadas ocho páginas con varios grabados de caza.

Al parecer, y afortunadamente, ocho de los grabados robados han sido ya recuperados según El diario montañés.

 

 

Mapa “T en O” de las Etimologías de San Isidoro.

El quién ya lo sabemos, y el cómo… pues según El País fue con una cuchilla que consiguió introducir en la BNE, y manetener escondida “en su mesa”. Resulta descorazonador pensar, que después de tantas medidas de seguridad, alguien pueda conseguir no solo entrar con una cuchilla, sino llegar a cortar hasta doce páginas, y es que como decía Pablo Jauralde en su artículo en El Cultural, es imprescindible contratar más bibliotecarios. Creo que poner una persona responsable en cada una de las mesas (con varios usuarios) de la Sala Cervantes, podría ser una buena solución. Una persona que pueda realizar alguna tarea bibliotecaria en la misma mesa del investigador, pero que no pierda ojo de lo que algunos desaprensivos hacen. El propio Gómez Rivero llegó en una ocasión a ponerse un incunable en las rodillas, para cortar mejor, claro…