Bibliotecas


Recientemente he comprado un lote de libros por EBAY, entre los que se encontraba uno especialmente curioso. Está escrito en francés, y con un poco de paciencia podría leerlo, pero lo que me interesa traer aquí es una lectura de aquellos detalles en los que a menudo no nos fijamos cuando tenemos un libro, y que “cuentan” una historia…

Se trata de un libro con encuadernación holandesa, con pastas duras y forrado con una fina capa de piel rojo oscuro muy gastada que deja ver en las esquinas y bordes una piel negra anterior. En el lomo, con letras pequeñas y doradas, se puede leer: La police secrete du Vatican, con unas dimensiones de 265 mm x 18 mm. Tiene 508 páginas y 64 láminas que ocupan siempre la página de la derecha. Las primeras 166 páginas tienen un color blanco, aunque envejecido, pero las restantes están muy amarillentas comparadas con las anteriores, y yo diría incluso que se trata de un papel algo distinto, pues es más poroso.

El libro carece de una portada interior independiente, y en la primera página encontramos el título, parcialmente encima de una ilustración en el margen izquierdo, y el inicio del texto en la parte derecha inferior. Esta imagen inicial es una caricatura anticlerical. En una cruz sobre un círculo (que parece significar el sol) aparece “crucificado” un pájaro vestido de Papa. El animal, con cara de búho, lleva una mitra, y tiene las alas abiertas, vestido con una especie de túnica oscura y una estola. De los laterales del ave salen dos garras: la de la derecha suelta unas monedas y la de la izquierda parece tener una especie de plumero. He aquí esa página:

Desde el punto de vista bibliográfico el libro presenta varias peculiaridades. El nombre del autor no aparece por ninguna parte, lo que parece lógico tratándose de una obra de marcado carácter anticlerical. La obra tiene dos títulos: el de esta portada interior, La police secrete du Vatican, y el que aparece a lo largo de toda la obra (en páginas pares e impares) en el margen superior: Les victimes du Vatican. Hay indicios de que estamos ante una novela por entregas: no hay portada interior independiente, ni colofón; el texto se estructura en partes y capítulos (que oscilan entre las tres y once páginas), y no hay índice. En el margen interior del libro aparecen dos pies de imprenta. En las primeras páginas encontramos: “Brux. imp. Maheu, 41, r. des Fabriques”, pero también aparece con variantes: con el desarrollo de la abreviatura: “Bruxelles”, o las iniciales del impresor: “Ed.”. A partir de la página 136 hasta el final el pie de imprenta que aparece es: “Bruxelles – Imp. Al. Berqueman, 36, r. Berlaimont”.

Estos son los datos que puedo señalar de un libro que no encuentro en ningún catálogo. He buscado sin ningún resultado los dos títulos en los catálogos de la Britsh Library, la BNE, el Catálogo Colectivo francés, la Biblioteca Real de Bélgica, la Biblioteca Nacional de los Países Bajos (Koninlijke Biblioteek van Nederland), el Catálogo Colectivo de Bélgica, la Biblioteca Nacional de Florencia, Biblioteca Nacional de Roma y la Biblioteca del Congreso de los EEUU… y por supuesto he buscado en Google y en GoogleBook. Me llama la atención que el libro no esté recogido en ninguna parte, pero que no se encuentre una ficha bibliográfica no impide que podamos seguir obteniendo información sobre el libro recurriendo a otros datos y búsquedas…

Para empezar puede indagarse quiénes fueron los impresores. El primero es Ed(ouar) Maheu, impresor en Bruxelles (rue des Fabriques). En su catálogo se encuentran varias novelas eróticas: Félicia ou mes fredaines de Andréa de Nerciat ( 1894), Memorias de una princesa rusa de Pasha Kataoumbah (seudónimo), Amours et Aventures de Giacomo Casanova, y obras anticlericales (y antisemitas) como Du molochisme juif – études critiques et philosophiques de Tridon Gustave. En esta wiki se copia una referencia a este impresor tomada de la Bibliographie des ouvrages érotiques de Jean Pierre Dutel (2001). En ella se nos dice que E. Maheu fue impresor en Bruxellas entre 1857 y 1897. Su imprenta recorrió varios lugares de la ciudad, de los que nos interesa saber que entre abril y septiembre de 1887 estuvo en la rue des Fabriques. A partir de esa fecha el impresor se instala en Ámsterdam, aunque un poco más tarde volverá a Bruselas. Ese detalle podría explicar por qué el libro está impreso en dos prensas distintas. Las primeras ciento treinta páginas aproximadamente fueron publicadas, pues, entre abril y septiembre de 1887, y aunque no sabemos ni la periodicidad ni el volumen de las entregas todo sugiere que las más de quinientas páginas de la novela no se terminaron de imprimir hasta 1889 aproximadamente.

Del segundo impresor, Alexander Berqueman, no encuentro ningún dato que interese a esta causa, continuó imprimiendo hasta principios del siglo XX, y en su catálogo tuvo Les poésies de Mallarmé (1899).

Esto es todo lo que puedo averiguar por internet en relación a la impresión de la obra. Todavía se podría indagar muchísimo en las bibliotecas, pues queda al menos dos aspectos que se podría explotar: las publicaciones por entregas en Bruselas hacia 1887 y las tipografías belgas del siglo XIX.

Finalmente, el que haya llegado con su lectura hasta este punto merece leer la anécdota o traca final. De la historia del libro paso a la historia del ejemplar… El texto no tiene ninguna nota, papel, o señal que nos hable de algún propietario anterior, pero tiene un sencillo ex – libris que permite seguir indagando…

Este ex – libris es muy curioso. Desde el principio me sugirió que el libro pertenecía a la biblioteca de un hotel de Nieuport, y que fue de un tal V. Colens-Berthelier. Esta fue una primera impresión, pero profundizar en el asunto me deparó algunas sorpresas. V. Colens-Berthelier no se refiere a una persona sino a dos: a Victor Jules Frans COLENS y Anne BERTHELIER, que contrajeron matrimonio en Niewport el 15 de noviembre de 1879 como puede encontrarse en este listado. Niewpoort (“nuevo puerto” en holandés) es una villa fundada en el siglo XII. Tiene su página en la historia pues en 1600 tuvo lugar la Batalla de Nieupoort en la que el ejército holandés venció por primera vez al español. En la década de 1860 una línea de ferrocarril une Niewpoort con Bruselas, el pueblo alcanza los tres mil habitantes y el turismo comienza a crecer… Aparecerían los primeros hoteles, como el que regentaría el matrimonio Colens-Berthelier, en cuya biblioteca estuvo este libro. Pero todavía podemos ir un poco más allá… ¿Qué fue del “Hotel de L’Espérance”? El “Hotel de L’Espérance” se encuentra en el número 2 de la calle Hoogstraat (esquina con Langestraat) de Niewpoort. Fue un palacio de estilo renacentista flamenco (la fecha de 1603 aparece en una de las fachadas), y fue destruido en la I Guerra Mundial y reconstruido fielmente entre 1920-1925. Actualmente es un edificio habilitado como una especie de Casa de la Cultura (Cultuurhuis – ‘t Kasteeltje) y tiene una biblioteca. Curiosamente, junto al edificio, en el número 4, hoy en día hay un hotel

Hôtel de l’ Espérance, hoy ‘t Kasteeltje, Niewpoort

Fotografía de Tijl Vereenooghe publicada en Flickr.

La police secrete du Vatican llegó de las prensas de Edouard Maheu y Alexander Berqueman a la biblioteca del “Hotel de l’Esperance” de Niewpoort. De allí debió pasar por alguna biblioteca, pues hay restos de un tejuelo en el lomo con el número 239. De alguna manera el libro llegó a Oviedo, y desde allí ha pasado a mis manos. Esta es la intrahistoria de este curioso ejemplar inexistente en los catálogos de las bibliotecas europeas. Sin duda todavía podría seguirse su pista en otros libros y bibliotecas, pero bien es verdad que difícilmente algunos datos se pudieran haber descubierto sin la azorosa red de internet.

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Ni la “carta al lector” ni el correo electrónico al Diario de León han tenido respuesta alguna. No podía esperar otra cosa el desconocido autor de un blog sobre estos peregrinos temas filológicos. No obstante, el asunto que nos traemos entre manos no es baladí, y la cuestión se complica.

M. Á. Nepomuceno cuenta de nuevo, tras las dos primeras noticias vacilantes y confusas, la situación sobre la subasta de los mapamundis en “Un precio demasiado bajo para un incunable tan valioso”. Nos aporta datos concretos… Uno de los mapamundis “fue subastado a través de internet el pasado 21 de mayo a las 7.23 horas. El número de lote era 23.731, y se vendió por la casa norteamericana Swaen por el precio de 57.600$, ocho mil menos que el anunciado en el número de septiembre-octubre de la revista Fine Books . La ficha de subasta estimaba su valor entre 60.000 y 90.000 $ cifra muy reducida para las que habitualmente se pagan por ejemplares «limpios»”. Pero si bien dice al principio que lo subastado ha sido “Uno de los mapas de la obra mutilada de la Biblioteca Nacional Cosmographia”, luego nos habla de “Los mapas subastados tienen unas medidas…” (¿pero no era uno?). El resto de la noticia se convierte en una entrada de enciclopedia que nos describe el supuesto ejemplar o ejemplares robados, y que para construirla recurre de manera muy poco clara al triste producto lingüístico de una traducción online. Pero de este “plagio”, traducción mediante, trataremos después.

La pregunta en cuestión es ¿cuáles son las “pruebas razonables” en qué se basa M. Á. Nepomuceno para afirmar que el mapamundi de la Comosmographia de Ptolomeo subastado el 21 de mayo se corresponde con uno de los ejemplares robados? Pues en las siguientes: “La casa de subastas Swaen vendió la Cosmografía de Ptolomeo por ocho mil dólares menos de lo que se anunció en la ficha publicada por «Fine Books» en su número de septiembre. […] La ficha de subasta estimaba su valor entre 60.000 y 90.000 $ cifra muy reducida para las que habitualmente se pagan por ejemplares «limpios»”. Es decir, el bajo precio por el que se ha vendido el mapa es indicativo para él de que se trata de un ejemplar no «limpio». Evidentemente este no es un argumento de peso, como mucho es un indicio de que el mapamundi no es un ejemplar “limpio”, pero de ahí a afirmar que se trata de uno de los ejemplares robados…

De la descripción que hace la casa de subastas del mapa podemos concluir que el pie de imprenta coincide con el de los ejemplares robados (véase post anterior para más datos), pero ofrece una diferencia significativa:  mientras el ejemplar subastado tiene las medidas 36.0 x 50.8 cm., los ejemplares descritos en el catálogo electrónico de la Biblioteca Nacional de España tienen las siguientes dimensiones: 540 x 390 mm o menos. Lógicamente podría haber una errata, o tal vez ese “menos” redujera el tamaño del ejemplar que ha perdido el mapa.

En cualquier caso, habría que tener más información para afirmar que estos son “pruebas razonables”. El mapa podría haber sido restaurado y maquillado, pero como afirma Mercedes del Corral en una “carta al director”: “Conviene sin embargo recordar que son varios los ejemplares de esta edición que se conservan en distintas grandes bibliotecas de todo el mundo y que tampoco puede descartarse que otros ejemplares continúen hasta ahora en colecciones particulares y sean sacados a subasta dado que otras láminas sueltas de mapamundis de Ptolomeo han aparecido con anterioridad en el mercado”. Respondida por M. Á. Nepomuceno.

Pese a todo, estimado M. Á. Nepomuceno, alabo su interés por los desmanes de la Biblioteca Nacional de España, no creo que como dice la directora de la BNE “promueva injustificamente la alarma pública” por tratar de indagar estas cuestiones, pero permítame sugerirle que sea más escrupuloso con los datos y más divulgativo en sus informaciones.

 

Ayer envié una “carta al director” al Diario de León en relación a la venta de un mapa de Ptolomeo, pero como no tengo opción alguna de saber si la carta va a ser publicada (“En ningún caso se informará al autor si la carta es publicada en la edición digital o en el diario de papel”, dice la edición digital del periódico) reproduzco aquí una versión ampliada de ella, con algunos nuevos matices añadidos.

En primer lugar quiero reconocer y destacar la labor del Diario de León en la defensa del patrimonio bibliográfico, como ya ha demostrado con la denuncia de los desperfectos sufridos por el Beato leonés de Fernado I y Sancha mal conservado por la BNE.

Miguel Ángel Nepomuceno viene publicando en el Diario de León en los últimos días nuevas informaciones sobre los mapamundis robados. El día 30 de septiembre el periódico dice en la entradilla de un reportaje titulado “Ptolomeo hace las Américas” que “La revista Fine Books publica un anuncio sobre la subasta de unos mapas de Ptolomeo impresos en Ulm en 1482 que pudieran coincidir con los desaparecidos en la Biblioteca Nacional de Madrid”. En el cuerpo del texto añade: “Los dos mapamundi […] podrían haber viajado hacia el Nuevo Mundo si se llegara a demostrar lo publicado en el número 200 perteneciente a los meses de septiembre/octubre de la prestigiosa revista norteamericana Fine Books”. Acompaña a la noticia una imagen de la supuesta publicidad de la casa de subastas Paulus Swaen:

El pie de la imagen del mapa que vemos parece que dice “PTOLOMY, Ulm, 1492… $ 64500”. Sin embargo, en el catálogo correspondiente publicado en pdf (con y sin imágenes) de la casa de subastas Paulus Swaen no aparece en ningún caso dicho mapa (ni en el buscador del portal), lo que me parece bastante extraño. ¿Ha ocultado finalmente Paulus Swaen que subasta esos mapas, o el anuncio no es más que un mero reclamo publicitario?

Con fecha de 1 de octubre el Diario de León informa que ha sido “Vendido el mapamundi de Ptolomeo robado en la Biblioteca Nacional”, subastado por 64500 euros, o sea, ¿el mismo precio de salida en subasta? Y al día siguiente, se publica la información de que “La Guardia Civil sigue a través del Diario la pista del mapa de Ptolomeo”, y añade algo que suma confusión a todo esto: “Según ha sabido este periódico, el citado mapamundi fue subastado en Internet por la firma norteamericana Swaen y vendido el 21 de mayo en 57.600 dólares, algo menos del precio de salida (65.400 dólares)”. ¿Pero no se había publicado dos días antes que la revista Fine Books anunciaba la subasta de dicho mapamundi en su número de septiembre – octubre? ¿Cómo encaja esta información con el hecho de que el mapamundi fue vendido el 21 de mayo?

Encuentro contradictorias y confusas estas informaciones. El Diario de León ha sido el único periódico (que conozca) que ha publicado estas noticias, y espero que aclare sus informaciones, pues realmente estoy interesado en saber qué sucede con el patrimonio español expoliado…

Lo más próximo al mapa de Ptolomeo, que he encontrado, que subasta Paulus Swaen estos días es, según su catálogo con imágenes (p. 108) es esto:

PTOLOMY,C./ WALDSEEMÜLLER, M., Tabula Moderna Germanie., Strasburg, Johann Schott , 1513-1520, 15.4 x 21.5 inches /39 x 54.5 cm, Good margins. Some very minor discolouration along center fold. Good impression., (Estimate: $2400 – 3500) Woodblock map of Ptolemaic Central Europe from Denmark to the Alps and from France to Poland. Title along top. No text on verso. Rare map from the first modern atlas by Martin Waldseemüller since it is the first Ptolemy edition with twenty new regional maps beside the traditional twenty-seven Ptolemaic maps derived from the 1482 Ulm edition. The Atlas is titled GEOGRAPHIE OPUS NOVISSIMA TRADUCTIONE E GRECORUM ARCHETYPIS and is one of the most important edition of Ptolemy Atlases.

Pero este mapa no tiene nada que ver con los mapas robados de la BNE. Se trata de una impresión de 1513-1520 en Estrasburgo, y por tanto no es un incunable. Según las informaciones que ha dado la prensa estos días los mapas robados procedían de sendos ejemplares de 1482 de la Cosmographia de Claudio Ptolomeo, que según el catálogo de la BNE tendrían por signaturas: Inc/116, y Inc/1475, y pie de imprenta: “Ulm: Leonardus Holle, 16 julio, 1482”. Por cierto, al ejemplar Inc/116 ya le faltaba un grabado, pero el otro ejemplar estaba íntegro, siempre según el catálogo de la BNE.

Quedamos, pues, a la espera de que el Diario de León aclare sus investigaciones, y confirme realmente si estamos tras una pista cierta.

A finales de agosto saltó a la prensa el robo de dos mapamundis de sendos incunables de Ptolomeo y unos libros del siglo XVII de la Biblioteca Nacional de España. El lamentable hurto me indignó como usuario de la famosa Sala Cervantes, donde se tiene acceso al patrimonio bibliográfico más antiguo de la Biblioteca. Pero también me pregunté de qué manera se había cometido tal fechoría, porque no parece fácil. La Sala Cervantes está formada por tres salas contiguas, y hay cámaras de seguridad, un guarda jurado en la puerta, los bibliotecarios, otros usuarios y un detector de metales en el acceso al edificio. Y además, ¿alguien sabe cuánto grita un incunable cuando le sajan un página? No pude evitar pensar que el robo procedía de dentro.

Luego vino la dimisión de su directora, Rosa Régas, que con su empeño de abrir la biblioteca “lo más posible” a los ciudadanos acabó convirtiéndola en algo más próximo a una biblioteca pública. Y es que no todo el mundo está preparado para enfrentarse a la lectura y conocimiento que proporciona un libro del siglo XVII, un incunable o un documento inquisitorial. Decir esto no supone estar en contra del pleno acceso a la cultural y al patrimonio bibliográfico, lo que no puede ser es que alguien se levante una mañana, se sienta tocado por un súbito amor por la literatura, y se presente en la Sala Cervantes pidiendo el manuscrito de El Quijote… Anécdotas como esta, pero sobre todo un planteamiento esclarecedor sobre estas cuestiones nos presenta el profesor Pablo Jauralde en el artículo “Libros que vuelan, documentos que desaparecen” publicado en el El Cultural del jueves 20 de septiembre de 2007.

 

Recomiendo su lectura porque Pablo Jauralde, catedrático de Literatura Española de la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los filólogos que mejor conoce el patrimonio bibliográfico de la BNE. En su artículo nos cuenta que el robo de estos mapamundis es sólo la punta del iceberg del espolio continuado e invisible que sufre nuestro patrimonio. Pero no todos son quejas y lamentos, también plantea una serie de mejoras y actuaciones que permitirían conservar mejor nuestro patrimonio, y que pueden resumirse en una: la contratación de más bibliotecarios y personal cualificado.

CODA

El espléndido ensayo que Pablo Jauralde publicó en El Cultural de la semana pasada sobre el expolio de nuestro patrimonio bibliográfico ha removido conciencias y recuerdos que ahora amenazan con inundar mi papelera y la redacción misma. Dos ejemplos para el sonrojo: cuando José Antonio Labordeta, recién acabada la carrera de Historia, intentó hacer una tesina utilizando los fondos zaragozanos que aún quedaban de la antigua Sociedad Económica de Amigos del País, descubrió horrorizado, al llegar a aquel caserón una mañana de invierno, que el bedel utilizaba manuscritos del siglo XVIII para prender la estufa. Para llorar. Pero el desdén por el pasado afecta a todo. Ahora mismo nadie podría escribir, en rigor, una historia completa del cine español porque gran parte del material perteneciente al cine mudo que se conservaba en la primitiva filmoteca fue vendido después de la guerra a una fábrica de peines (que entonces se hacían de celuloide), con lo que hay docenas de obras de las que no queda ninguna copia. Recordemos a Larra: ¿Entre qué gentes estamos? Se lo iré contando.

(Juan Palomo, El Cultural, 27-9-07)