censura


Tres veces tuve que publicar la entrada pasada (“Don Marcelino Menéndez Pelayo e Ian Gibson”), como comentario en el blog de Ian Gibson, porque las dos primeras fueron censuradas por el diario Público, limpieza que el diario no parece realizar con las decenas de comentarios basura, de trolls y de spam, que rellenan los comentarios de ese blog. En su nueva entrada Ian Gibson hace una reflexión sobre los blogs: “¿Bloguear o no bloguear? Esa es…”, y una de ellas alude a mi comentario (pues no hay otro que hable de la estatua): “Las reacciones adversas dan más que pensar que las benevolentes, naturalmente. Y más ganas de contestar (aprovecho para señalar que en mi último no creo haber recomendado, como se me achaca, que la estatua de Menéndez y Pelayo desaparezca de la Biblioteca Nacional, sino que tenga allí menos protagonismo, que no es lo mismo)”. Es evidente que a Ian Gibson no le ha gustado esta “reacción adversa” y que le gustaría responder otra cosa, pero se queda en lo superficial, en la estatua, y para colmo quiere que entendamos algo distinto de lo que realmente dice en su primera entrada: “¿Habría que dejarlo allí, él tan opuesto a los no afines, en el acceso a nuestra Biblioteca Nacional […]? Creo que hay debate interno al respecto. Yo por mí le buscaba una ubicación más respetuosa con el espíritu de la Constitución”. Y para mí que esa “ubicación más respetuosa” no es otra que la del almacén del MOPU en Madrid, junto a aquella otra estatua ecuestre que tiempo ha campaba por Nuevos Ministerios.

El Gobierno español pone trabas a la emisión en la televisión pública de un anuncio de Amnistía Internacional. Sin embargo este spot sí ha podido verse en algunos canales autonómicos. He escrito “trabas” por no escribir “seudocensura” o “censura” administrativa. El obstáculo es que a este vídeo no se le reconoce la exención de cómputo publicitario, y consecuentemente no puede emitirse de forma gratuita. Con ello se niega el carácter de servicio público del anuncio, y se le califica de publicidad política. En El poder de tu voz puede leerse más explicaciones al respecto.

El anuncio pone en boca de diversos políticos internacionales algunos fragmentos de la Declaración de los Derechos Humanos, salvo la última oración: “Y ninguna persona y ningún estado podrá violar nunca alguno de estos derechos [humanos]”. Pero creo que sobra la descripción y basta con ver el vídeo…

¿Por qué un gobierno democrático y socialista europeo pone trabas a la emisión de un spot que lee los Derechos Humanos?