Razones que no vienen al caso me llevaron de nuevo a El libro del Conde Lucanor, concretamente al “exemplo” XXXV, en el que me topé con una escena especialmente incruenta y gratuita para con los animales. En ese “exemplo” Patronio le cuenta al conde Lucanor la historia de cómo el hijo de un moro quería casarse con una moza rica que tenía maneras “malas e revesadas”, y que era temida por todos. Pese a las reticencias que expresan ambas familias ante las nupcias, el enlace acaba realizándose. En la primera noche que pasan juntos el mozo se muestra salvaje y cruel asesinando al perro, al gato y al caballo porque estos no obedecen su orden de echarle agua en las manos. A partir de ese momento, la joven, impresionada y temiendo por su vida, sirve a su marido con sumisión en todo lo que le pide. Al día siguiente, los familiares quedan sorprendidos por lo que ha sucedido. El padre de la joven trata de imitar el método de su yerno con su mujer, pero no lo consigue. La moraleja del “exemplo” es: “Si al comienço non muestra qui eres, / nunca podrás después quando quisieres”. El cuentecillo queda de esta manera un tanto descompensado, puesto que la moraleja responde básicamente al intento final del padre de hacer lo mismo que el yerno. La historia sin embargo se detiene, con gran efectismo, en una escena verdaderamente truculenta, y por eso me llama la atención. ¿Qué necesidad tenía Don Juan Manuel de describir con tanta saña estas tres escenas cuando no era sustancial para su historia?

 

Luego que ellos fincaron solos en casa, assentáronse a la mesa, et ante que ella ubiasse a dezir cosa cató el novio en derredor de la mesa, et vio un perro et díxol’ ya cuanto bravamente:

-¡Perro, danos agua a las manos!

El perro non lo fizo. Et él encomençósse a ensañar et díxol’ más bravamente que les diesse agua a las manos. Et el perro non lo fizo. Et desque vio que lo non fazía, levantóse muy sañudo de la mesa et metíó mano a la espada et endereçó al perro. Cuando el perro lo vio venir contra sí, començó a foír, et él en pos él, saltando amos por la ropa et por la mesa et por el fuego, et tanto andido en pos de’l fasta que lo alcançó, et cortól’ la cabeça et las piernas et los braços, et fízolo todo pedaços et ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa.

Et assí, muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar a la mesa et cató en derredor, et vio un gato et díxol’ quel’ diesse agua a manos; et porque non lo fizo, díxole:

-¡Cómo, don falso traidor!, ¿et non vistes lo que fiz al perro porque non quiso fazer lo quel’ mandé yo? Prometo a Dios que si un punto nin más conmigo porfías, que esso mismo faré a ti que al perro.

El gato non lo fizo, ca tampoco es su costumbre de dar agua a manos, como del perro. Et porque non lo fizo, levantóse et tomól’ por las piernas et dio con él a la pared et fizo de’l más de çient pedaços, et mostrándol’ muy mayor saña que contra el perro.

Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos contenentes, tornóse a la mesa et cató a todas partes. La muger, quel’ vio esto fazer, tovo que estava loco o fuera de seso, et non dizía nada.

Et desque ovo catado a cada parte, et vio un su cavallo que estava en casa, et él non avía más de aquél, et díxol’ muy bravamente que les diesse agua a las manos; el cavallo non lo fizo. Desque vio que lo non fizo, díxol’:

-¡Cómo, don cavallo!, ¿cuidades que porque non he otro cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que yo vos mandare? Dessa vos guardat, que si por vuestra mala ventura non faierdes lo que yo vos mandare, yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé como a los otros; et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que esso mismo non le faga. El cavallo estudo quedo. Et desque vio que non fazía su mandado, fue a él et cortól’ la cabeça con la mayor saña que podía mostrar, et despedaçólo todo.

Cuando la muger vio que matava el cavallo non aviendo otro et que dizía que esto faría a quiquier que su mandado non cumpliesse, tovo que esto ya El Conde Lucanor non se fazía por juego, et ovo tan grand miedo, que non sabía si era muerta o biva.

Et él assí, vravo et sañudo et ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et omnes et mugeres oviesse en casa quel’ saliessen de mandado, que todos serían muertos.

 

 

 

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