He leído hoy (27-11-07) un artículo de Sánchez Dragó en El Mundo titulado “Telecaca”. Tengo que reconocer, previamente, que la máscara “Fernando Sánchez Dragó” me cautiva, y aunque no he leído ningún libro suyo, algún artículo tal vez, siempre me ha sido apetecible escucharlo, y dejarme llevar por su apasionamiento y sus peculiares opiniones. He seguido rigurosamente su Negro sobre blanco, que siempre me ha parecido el mejor programa de literatura de los últimos veinte años.

Pero en esta ocasión el objeto de interés está en su artículo, un tanto hinchado e hiperbólico, pero que me ha hecho reír, reconocerme en alguna opinión y sorprenderme con alguna propuesta que quiero aquí señalar. El artículo llega al sarcasmo en su crítica de la televisión “basura” o “caca” en la línea crítica a la que ya estamos acostumbrados. Me interesa la crítica que hace específicamente de los telediarios, pues es algo que vengo pensando desde hace mucho tiempo: que los informativos cada vez informan menos, y cuentan más anécdotas irrelevantes. Cuando le hago estos comentarios a mi vecina Paquita, que es muy sabia en algunas cosas y muy inocente en otras, me responde algo demoledor: “Pues yo prefiero que pongan esas cosas, porque es señal de que no pasan desgracias”. El colmo de la manipulación es hacer pensar que no está pasando nada mientras pasa…

Generalmente, cuando me veo sometido a una sesión de televisión radiactiva, por llamar al mismo fenómeno con otro nombre, pido y suplico que cambien de canal, y pongan alguno neutro, o insípido, porque estoy convencido, y lo he llegado a sufrir en carne propia, que este tipo de radiaciones producen graves trastornos neuronales…

F. Sánchez Dragó va más allá, y en su exageración propone algo que a algunos llevaría a calificarlo de facha… eso sí leyeran el artículo, claro. En cualquier caso, las palabras de Dragó me parecen una bofetada tan limpia, sonora y necesaria…

“[…] A esta gente ―la que por activa o por pasiva interviene en los programas del estrógeno, la testosterona y las heces fecales― deberían desposeerla del derecho al voto. No pueden ser ciudadanos, porque no son humanos. ¿Todos? Sí. Todos […]

Última ocurrencia: ¿por qué no se instalan audímetros obligatorios en todos los hogares provistos de televisor (¿queda alguno que no lo tenga?) y se desposee de su derecho al voto a los usuarios que vean más de diez minutos de telecaca al día? Redundaría eso en beneficio de la democracia. ¿Cabe confiar en un jefe de gobierno elegido por los espectadores de esos programas?”