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El Templo de la elocuencia castellana (Salamanca, 1629), escrito por Jacinto Carlos Quintero, es una retórica que se desarrolla en dos discursos y está dedicada exclusivamente a la elocutio. Se trata de una obra un tanto heterodoxa dentro del conjunto de retóricas de la época, especialmente por su lenguaje ágil y vigoroso, la claridad en la expresión de las ideas, sin caer en la densidad y pesadez de otras retóricas (sagradas), y el uso ejemplar y muy eficaz de las citas de los retores grecolatinos para sostener sus argumentaciones.

Pues bien, una de las ideas con las que arranca en el primer discurso es el vicio de la época por rendir culto al pasado (a los autores pasados), y menospreciar el presente, sin darle el justo valor que se merecen los coetáneos. En palabras de Jacinto Carlos Quintero: “Costumbre ignorante es el engaño de venerar siempre lo pasado por poco conocido, y despreciar por tratado lo presente: siendo así que ni aquello careció de culpa, ni esto le excede en ellas: solo pierden las nuestras por venirse ellas mismas a los ojos, y ganan las de la antigüedad, por estar ya cubiertas con polvo del olvido”. Pues bien, para argumentar su posición reproduce en latín y traduce (libremente) él mismo un epigrama de Marcial, que yo también quiero traer aquí. Se trata del epigrama nº 10 (o 9, según las versiones) del libro V de los Epigramas de Marcial.

“Esse quid hoc dicam vivis quod fama negatur

et sua quod rarus tempora lector amat?”

Hi sunt invidiae nimirum, Regule, mores,

praeferat antiquos semper ut illa novis.

Sic veterem ingrati Pompei quaerimus umbram,

sic laudant Catuli vilia templa senes;

Ennius est lectus salvo tibi, Roma, Marone,

et sua riserunt saecula Maeoniden;

rara coronato plausere theatra Menandro;

norat Nasonem sola Corinna suum.

Vos tamen o nostri ne festinate libelli;

si post fata venit gloria, non propero.

(Tomado de Intra Text Digital Library)

Jacinto Carlos Quintero lo traduce en prosa de una manera un tanto libre de la siguiente manera (modernizo las grafías y puntúo el texto):

¿Qué mala suerte es esta de nuestros tiempos, ¡oh Régulo!, que a los vivos se les nieguen los aplausos, y se les ofrezcan voluntariamente a los que ya dejaron de ser en los sepulcros? ¿Y que habiendo tan lucidos escritos desta edad sean pocos los que aplican a su lición el gusto y el ingenio? Invidia es sin duda, no falta de buenas prendas, preferir siempre a lo nuevo lo antiguo, a lo presente lo pasado. Por eso, ¡ingratos!, buscamos la sombra del perdido Pompeyo [fol. 2], y alaban habiendo tantos buenos edificios modernos los templos viles de Catulo. Ennio es leído, Virgilio despreciado; siendo aquel en su vida risa de la elocuencia, y este, gloria. A Menandro, que mereció coronas, le aplaudieron raros teatros, y a Ovidio le conoció solo su amiga Corina. Pero vosotros, ¡oh librillos míos!, no pretendáis honras que cuestan tanto, ni procuréis, que yo llegue presuroso a la tumba, que si el aplauso se vincula a la muerte, no quiero correr a el, por no llegar a ella.

(Jacinto Carlos Quintero, El Templo de la Elocuencia, Salamanca, 1629, fol. 2r-v)

Este epigrama de Marcial, que he querido traer dentro de un contexto determinado (la retórica del Siglo de Oro) tiene hoy tanta vida como cuando fue creado en el s. I, o comentado en el s. XVII. Lo asombroso de este texto es que su enseñanza o moraleja (más allá de que ejemplifique con autores latinos) es hoy día perfectamente aplicable. No sólo que se sigue teniendo una percepción especial e idealizada por todo lo antiguo, sino que también, y he aquí el ojo puntiagudo y crítico de Marcial, la “invidia” impide que se reconozca los méritos del artista vivo. Y si ahondamos en la herida comienzan a salir los tópicos, como el de la proverbial “envidia” del español, o como la secular costumbre de reconocer los méritos siempre de forma póstuma, mientras en vida muchos grandes (y verdaderos) genios (de todas las artes) viven en el más clamoroso olvido…

Y concluyo finalmente, volviendo a las entradas anteriores, y a los comentarios que han suscitado… He aquí la buena literatura (Marcial en este caso), y no porque lo diga yo o cualquier crítico, sino porque los propios escritos de Marcial parece que nos están interpelando directamente a nosotros, porque su obra no ha caducado, y sigue viva y fresca veinte siglos después…

Epigramas de Marco Valerio Marcial, texto, introducción y notas de José Guillén en la Institución “Fernando el Católico”.

En el Ciclo “El autor y su obra” que se ha desarrollado esta semana en los Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Luis Mateo Díez ha dejado caer estas perlas que me vienen muy bien para apoyar la entrada de hace unos días titulada: “Juan Eslava Galán y los superventas“. Luis Mateo Díez dixit:

* “…corren tiempos en que escriben las novelas escritores que no son escritores para lectores que no son lectores”, en alusión a los novelistas que buscan “un lector no exigente con la justificación del puro entretenimiento” (léase más en la noticia del agencia EFE).

* “Un escritor leído no lee el ‘Código Da Vinci’ porque no tiene ningún tipo de valor literario ni ningún tipo de convicción seria” (léase más en el blog del Gabinete de Comunicación del UIMP-Santander).

* “Los lectores de El Código Da Vinci son los lectores que no leen” (léase la noticia a cargo de Ana Mª Nimo en El Mundo).

Concluyo que me quedé corto en mis comentarios. Y es que no hay forma más clara, explícita y contundente que afirmar que estamos ante obras para “lectores que no leen”. Y aunque Mateo Díez pone a los editores como “mercaderes”, no crítica a los bestsellers en sí, pues defiende El nombre de la rosa, sino que lo que denuncia es a los escritores, lectores y editores que se conforman con obras “ínfimas”, “degradantes”, “triviales”…

Foto: Agencia EFE.

 

José María Merino ha sido esta tarde elegido miembro de la Real Academia Española y ocupará  el sillón “m” minúscula en sustitución de Claudio Guillén.

 

 

 

–¿Cómo reivindicaría el cuento ante quienes lo consideran un género menor?

–La falta de gusto por el cuento literario es un problema de formación lectora, pues el cuento exige del lector una colaboración que las novelas más comunes no requieren. Pero el lector con el gusto bien formado aprecia el cuento en lo que tiene de fulgurante síntesis, de representación súbita e intensa de un mundo completo. Con todos los respetos, quienes consideran el cuento un género menor tienen un problema… digamos literario.

(Entrevista de Nuria Azancot en El Cultural, 27-04-2008)

Hágase un test. Compruebe que tiene su gusto literario bien formado. Lea y comente, por ejemplo, estos dos microrelatos de Virgilio Piñeira.

 

 

 

Primero el inquietante y ambiguo lapsus linguae de Moratinos. Luego Magdalena Álvarez dando clases de andaluz en el Parlamento, y cayendo en la misma trampa que Josep Lluís…
No sé por qué, pero esto de “antes partía que doblá” me suena a “antes muerta que sencilla”.

Programa del Recital de poesía Chilango-Andaluz (22 al 26 de Octubre en Sevilla y México D.F.).

Chilango Andaluz

(Pulsa en la imagen para verla más cerca)

Noventa libros anteriores a 1900 se han extraviado, perdido, o despistado de la Biblioteca del Ministerio de Asuntos Exteriores según informa ABC en su edición digital del 10-10-07. Según las fuentes de este periódico el ejemplar desaparecido de más valor estaría formado por “un libro con valiosas cartas náuticas, tal vez asociado al llamado fondo Godoy”, por lo que, pese a todo, no estamos ante la misma barbaridad de arrancar mapas de un incunable.

Los libros se dan por “perdidos”, pero no robados. Una de las posibles explicaciones es que fueran prestados a “altos cargos” sin control. Esta “práctica de tomar prestados libros de bibliotecas de instituciones sin los deseables controles fue muy extendida en la época de Franco” dice ABC… A mí me consta que esta práctica sigue vigente en algunas bibliotecas departamentales de universidades españolas.

Habiendo escrito, pero no publicado, la entrada anterior me topo esta mañana con el deselance del asunto, y tal como veníamos sospechando, ninguno de los mapamundis robados salió a la venta en la casa de subastas Swaen…

Descubiertos en Australia los mapas incunables robados de la Biblioteca Nacional

“El misterio del robo en la Biblioteca Nacional de dos ejemplares del incunable del mapamundi de Ptolomeo de 1482 el pasado 21 de agosto llega a su fin. Fuentes de la investigación confirmaron que sus colegas australianos han “localizado” los dos ejemplares en cuestión en el domicilio particular de un anticuario de Sydney. Además, también está identificado quien lo sustrajo, según informa EFE.

Los mapas se encontraban en manos de un especialista en antigüedades que adquirió recientemente las piezas en una subasta pública celebrada en Londres. De momento, no ha trascendido ni la identidad del comprador ni a qué precio obtuvo el codiciado botín. Tampoco qué casa de subastas de la capital británica puso a la venta los ejemplares.

Por otra parte, la Guardia Civil identificó al presunto autor del robo. Se trata de César Gómez Rivero, de 60 años, ciudadano español de origen uruguayo y residente en Argentina.”