Sin duda, uno de los fenómenos culturales del 2007 ha sido la proliferación de blogs en internet. Después de muchos intentos abortados uno trata de empujar, como puede, algunos blogs como este, ese y aquel… Las razones son varias, pero no interesan ahora, lo importante es la idea básica de que un blog no es más que un soporte, un nuevo medio de comunicación, más allá de cualquier otra cosa. Y esto que digo, que aparentemente es una obviedad, no lo parece tanto cuando uno lee a ciertos columnistas.

El pasado 23 de noviembre de 2007, Henry Kamen publicaba en el El Mundo (“En la columna de Umbral”) un artículo titulado: “Aburrimiento de palabras”, en el que venía a censurar el palabrerío de los blogs, el ombligismo de sus autores, el aburrimiento, etc., y hacía algunas afirmaciones de este jaez: “Es por esto que la tecnología moderna permite a algunos gastar energía escribiendo blogs, en los cuales hablan consigo mismo, con palabras que flotan por el ciberespacio y que las leen sobre todo aquéllos que tienen poco contacto con la palabra escrita”. (la cursiva es mía, pero la sorpresa puede ser de cualquiera al leer la paradoja) Luego continuaba así: “¿Son encomiables los blogs? Es posible que no, ya que una buena proporción de ellos son poco más que un popurrí de palabras…”, confundiendo el medio de expresión (“los blogs”) con el contenido (“el popurrí de palabras”). Pero el columinista, en su esfuerzo por reflexionar se da cuenta de que lo mismo ocurre en la prensa y en las novelas (y ejemplifica con una anécdota de Umbral), y concluye, digamos, reivinicando el tópico del docere et delectare.

No se equivoca ni exagera Henry Kamen cuando afirma que “En la mayoría de estos textos [blogs, periódicos digitales, comentarios, etc.], el nivel de literatura es terrible y el de entretenimiento es cero”, pero no está muy fino a la hora de ver que este fenómeno, la banilización de la escritura y el palabrerío, lo impregna todo: desde la televisión (con sus mensajes sms), las tertulias radiofónicas (con la verborrea de muchas tertulias), la prensa (del corazón, de coches, de deporte, etc.), muchos columnistas de diarios serios… y mucha, muchísima literatura. Los blogs no son más que parte de este panorama, y resulta un poco ridículo plantearse si pueden ser encomiables.

Nota: He encontrado una entrada paralela a esta, pero en esta ocasión a propósito de Doris Lessing…